No hay peor cosa que llegar a los años altos y descubrir que no eres la persona maravillosa que Dios quería que fueses, no te dedicas a lo que te gusta, o estás casado con la persona equivocada. Y es que desde pequeños nos presionan para que tratemos siempre de agradarle a la mayoría y crecemos actuando para lograr la aproba